Cecilio Acosta: “Enséñese lo que sea útil”

10 julio, 2017

Biblioteca Nacional recuerda a uno de los más importantes humanistas de Venezuela,
al cumplirse 136 años de su partida

“Cecilio Acosta ha muerto. Llorarlo fuera poco.
Estudiar sus virtudes e imitarlas es el único homenaje grato…”
José Martí

Texto: Jufany Toledo / Fotos: Karina Gutiérrez
Cecilio Acosta fue uno de los más importantes humanistas y civilistas de la historia de
Venezuela; y a pesar de haber nacido y vivido hasta sus últimos días en la más absoluta
pobreza, se esforzó por procurarse una excelente educación, y dejar a su vez, un
extraordinario legado a todas y todos los venezolanos, en lengua, historia, derecho, filosofía,
valores y literatura. Para él, la educación era la prioridad e insistía en que las personas se
formaran en aquella materia que les fuese útil para la vida.
Cecilio Acosta nació el 1° de febrero de 1818 en San Diego de Los Altos, estado Miranda y
falleció en Caracas el 8 de julio de 1881, a la edad de 63 años. Fue un hombre de grandes
dimensiones, importantes personajes de la historia, la política y las letras, le dedicaron
artículos que dan cuenta de la talla de este venezolano insigne, amigo de Arístides Rojas,
Eduardo Blanco, Lisandro Alvarado; y hasta el prócer de la revolución cubana, José Martí,
durante su breve estadía en Caracas, se admiró por su grandeza moral, su honestidad,
cultura e inteligencia; lo cual plasmó en un ensayo que escribiera días después de su muerte,
titulado “Cecilio Acosta”, y que fue publicado el 15 de julio de 1881, en el segundo y último
número de la Revista Venezolana que editaba Martí, días más tarde el presidente Antonio
Guzmán Blanco, le solicitó abandonar el país.
En pocos meses, Cecilio Acosta y José Martí fraguaron una buena amistad debido a la
coincidencia de pensamiento, el propio Lisandro Alvarado reconocería, que a pesar de la
diferencia de edad entre ambos, eran semejantes en su erudición, su calidad ética, humana y
moral; así como también, en sus deseos de que el individuo se instruyera, se cultivara. Es
evidente que el joven Martí se deslumbró ante la sapiencia y la gracia de Cecilio Acosta.
Cecilio Acosta sostenía que: “Hay que insistir en la educación cívica y la instrucción
académica para los venezolanos”. También era un gran crítico de la educación que se
impartía en ese entonces: «Enséñese lo que se entienda, enséñese lo que sea útil, enséñese
a todos; y eso es todo.¿Qué gana el que pasa años y años estudiando lo que después ha de
olvidar, porque si es en el comercio no lo admiten, si es en las fábricas tampoco, sino
quedarse como viejo rabino entre cristianos?¿Hasta cuando se ha de preferir el Nebrija, que
da hambre, a la cartilla de las artes, que da pan, y las abstracciones del colegio a las
realidades del taller?»…
Aunque provenía de una familia pobre y humilde, el presbítero Mariano Fernández Fortique
se hizo cargo de su formación inicial; le inculcó valores que lo llevaron a convertirse en uno
de los principales intelectuales del Siglo XIX en Venezuela, y junto a Juan Vicente González,
Fermín Toro y Rafael María Baralt, formó parte de la generación “Independencia y
República”. Gracias a la influencia del presbítero, ingresó al Seminario Tridentino de Santa
Rosa en Caracas, estudios que abandonó para estudiar filosofía y derecho en la Universidad
Central de Venezuela. También ejerció la docencia y el periodismo y se dio a conocer por los
escritos y reflexiones que publicó en los periódicos “La época” y “El Federal”, sobre la tensa
situación política que se vivía en el país, polarizado entre liberales y conservadores.
En 1856, Cecilio Acosta publicó uno de sus más importantes ensayos sobre la educación:
“Cosas sabidas y cosas por saberse”; el cual se encuentra disponible en la Biblioteca
Nacional de Venezuela, junto a sus obras completas, que incluyen discursos,
correspondencia, ensayos, poesía y tratados de derecho y política. Durante muchos años
sus escritos estuvieron dispersos, y algunos de ellos formaron parte de antologías, hasta
1981 en que la Fundación Casa de las Letras Andrés Bello, editó sus obras completas.
Muchos de sus manuscritos también se preservan en el Instituto Autónomo Biblioteca
Nacional y de Servicios de Bibliotecas, donde el Catálogo Público remite a más de 80
entradas con su nombre.
A pesar del gran legado que nos dejó este humanista, y de contar con el cariño, respeto y
admiración de sus alumnos, murió en la más absoluta pobreza. Los honores los ha tenido
post mortem; ya que varias calles, avenidas, colegios, instituciones educativas y municipios
del país llevan su nombre; y el 5 de julio de 1937, sus restos fueron llevados al Panteón
Nacional.