Pepe Barroeta: un oscuro juglar entre elegías y olvidos

22 septiembre, 2017

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Su obra rememora el arraigo a la tierra y la melancolía por el paraíso perdido Texto:Renny Marrero/Foto/ Prensa IABNSB 22/09/2017

 

Mi vida es un cadáver. Mientras haya muerte viviré cantando,
errando en una onda de música desesperada”.

La poética venezolana ha dado para todo, de su fauna literaria han salido exponentes del romanticismo, los llamados ingenuos hasta aquellos que podrían catalogarse como ”poetas malditos” literatos que por su estilo de vida y forma de escribir son conocidos por su afición a exaltar la decadencia de la naturaleza humana, entre estos podemos ubicar a un sombrío juglar trujillano: José María Barroeta Paolini mejor conocido por aquellos que como él se dedicaron al oficio puro de la musa como Pepe Barroeta.

Poco se sabe de su vida personal, nació en Pampanito, Trujillo el 24 de septiembre de 1942, hijo de los maestros Néstor Barroeta y Emilia Paolini de Barroeta. Fue ensayista, abogado y Doctor en Literatura Iberoamericana, profesor del área de Literatura Hipanoamericana y Venezolana en la Escuela de Letras de la universidad de Los Andes, miembro de varios grupos literarios entre ellos: Tabla Redonda (1959),El techo de la Ballena (1961) Trópico Uno (1964), La Pandilla Lautréamont, En Haa (1965)” entre otros.

Quienes le conocieron en el ámbito literario como el poeta y crítico Lubio Cardozo no dudan en otorgarle a Barroeta el carácter de ”Fáustico” y tétrico pues la muerte, la búsqueda de un paraíso perdido a través del amor no correspondido, el sueño y la remembranza son el epicentro de su obra. Por ello Alí Medina Machado uno de sus amigos recuerda: “Pepe llevó siempre sobre sí ese caos, el caos de la muerte. Cráneos, sangre, fantasmas; abundan en su poesía así como las invocaciones a lo roto: espejos rajados, quebraduras, todo lo llevó como una celebración, no como un martirio ni una carga indeseada”.

Entre sus Libros destacan Todos han muerto (1971), Cartas a la extraña (1972), Arte de anochecer (1975) y Culpas de juglar (1996). A lo largo de su prolífica carrera obtuvo varias distinciones: Primer premio en el festival Nacional de la juventud (1968) con Todos han Muerto. Premio Literario Pro-Venezuela Sección Poesía (1974) Con su libro Arte de Anochecer. Primer premio Bienal de Literatura “Miguel Otero Silva” (1982) con Fuerza al día. Su obra completa fue recopilada en “Obra Poética y Presencia lírica 1971-1996″ por Ediciones “El otro, el mismo”, Rectorado de la Universidad de los Andes en el año 2001. En cuanto a su legado ensayístico este se compone por La hoguera de otra edad. Aproximación a dos grupos literarios: El techo de la ballena y Tabla redonda (1982) Poesía española (Novísimos y Postnovísimos) (1990) El padre, imagen y retorno (La imagen del padre en la poesía venezolana contemporánea) (1992) Lector de travesías (Estudios sobre la poesía de Luis Camilo Guevara, Rafael Cadenas y Victor Valera Mora (1994).

 

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''Me acostumbré a la idea de saberlos callados
bajo la tierra''...

En la apoteosis de su ocaso José Barroeta muere el 6 de junio del año 2006 en Mérida a los 64 años de edad, cuatro días antes de que apareciera Todos han muerto, el volumen que recopila la totalidad de su poesía. El título corresponde al de su primer libro, publicado en 1971, que es, a su vez, homónimo al de uno de los poemas que contiene su opera prima, al presentarse la publicación de Todos han muerto la crítica literaria consideró a su autor como una de las voces más profundas y turbadoras de la poesía hispanoamericana contemporánea.

Víctor Bravo en el prólogo de Elegías y olvidos refiere : “La poesía de Barroeta se expande en una sucesión de correspondencias que sorprende al lector verso a verso y que hace del poeta, en la mejor tradición de Rimbaud, un iluminado. Lezama Lima decía que el nacido dentro de la poesía siente el peso de lo irreal y que la poesía sustantiva lo invisible. El poeta José Barroeta, ya en sus primeras obras, pero de manera deslumbrante en Elegías y olvidos, su último poemario, se asume como la voz poética de los ausentes. Desde el vacío del vivir, desde la pérdida implacable de lo amado, desde el desgarramiento silencioso de las horas que pasan, el poeta nos enseña que la única promesa de felicidad, que el único lugar para sustantivar lo ausente, es la plenitud del poema”.

“Mi vida es un cadáver” declaró alguna vez Barroeta en una tertulia de bardos en la que el enamorado de Thánatos y Eros solía participar para declamar poemas de oscuro tono, ya hemos dicho que poco se sabe acerca de su vida personal y familiar, del por qué esa triste y muchas veces irónica inspiración en que basó su obra, fatalista e irrisorio al saberse enfermo de cáncer escribió un poema titulado Enero 4:30am en que describió con crudeza los avatares de su mal :

”Pasó el año nuevo y reventaron los pulmones. En mi pared bronquial con arquitectura parcialmente alterada por neoplasia maligna epitelial las células se disponen en nidos y cestos fragmentando el sonoro tejido de la noche”.


El término de ”Poetas malditos” se acuña gracias al libro Los poetas malditos de Saftsack, el cual contiene ensayos del poeta francés Paul Verlaine publicado por primera vez en 1884. Según Verlaine, estos poetas siempre fueron seres atormentados e incomprendidos cuyas trágicas vidas los llevó con frecuencia a actitudes autodestructivas; que para el autor, eran consecuencia de su gran talento, entre los malditos destacan Charles Baudelaire, François Villon, Aloysius Bertrand, Antonin Artaud, Olivier Larronde, Innokienti Ánnienski, John Keats, Federico García Lorca, Alejandra Pizarnik, Edgar Allan Poe, J.C. Onetty, Arthur Rimbaud, Isiddore Ducasse y Stephan Mallarme entre otros.

''Los poetas constituyen la raza que siempre será maldita para los poderosos de la Tierra”






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