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Infórmese diariamente sobre nuestro acontecer bibliotecario. Noticias sobre las actividades que se realizan dentro y fuera de la Biblioteca Nacional.

A través de Comuni Calle el Plan Chamba Juvenil formará artistas integrales

16 agosto, 2017

Gloria Stolk: “Es preciso que siga hablando de mi rosa tigre”

16 agosto, 2017

Biblioteca Viva espacio radiofónico inició su programación con éxito

15 agosto, 2017

La Sala de Orientación y Referencia celebró sus 48° Aniversarios

15 agosto, 2017

Venezuela país de lectores, 3 millones de usuarios ¡ y seguimos contando!

15 agosto, 2017

Orlando Araujo, poeta de la versatilidad y venezolanidad

14 agosto, 2017

Ramón Díaz Sánchez y ”la fiebre del oro negro”

14 agosto, 2017

Carlos Edsel: “El 03 de agosto, de 1806, Miranda izó por primera vez en Venezuela su bandera tricolor”

11 agosto, 2017

Biblioteca y su Gente

80 Mil metros de historia

Texto:Jufany Toledo/Fotos: Archivo Audiovisual de Venezuela del IABNSB

El 1° de enero de 1981 se colocó la primera piedra del Foro Libertador; a partir de entonces, se inicia la construcción de la actual sede de la Biblioteca Nacional; ya que el espacio ocupado en el Palacio de las Academias, entre las esquinas de La Bolsa y San Francisco, no sólo había quedado pequeño, sino que además no ofrecía las condiciones adecuadas para el mantenimiento y la preservación de las colecciones.

Es a partir de la promulgación de la Ley del Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y de Servicios de Bibliotecas, en 1977, cuando la Biblioteca Nacional comienza a tener aires de modernidad, y sus colecciones empiezan a ser clasificadas, catalogadas y ordenadas de acuerdo a normativas internacionales. Por tanto, era menester la construcción de una nueva sede donde pudieran concentrarse todos los servicios y colecciones patrimoniales, a fin de garantizar  su conservación y preservación en el tiempo.

Fue así como en unos terrenos adyacentes al Panteón Nacional, los arquitectos Tomás y Eduardo Sanabria, diseñaron una imponente construcción en forma de L, que albergaría a la Biblioteca Nacional y al Archivo General de la Nación, que hoy conocemos como Complejo Cultural Foro Libertador. Este desarrollo contó además con el equipo de proyecto arquitectónico de la Biblioteca Nacional, quienes asesorados por un bibliotecólogo de los Estados Unidos de Norte América, se encargaron de los diseños interiores, en concordancia con las normativas vigentes a la época.

Las colecciones empezaron a crecer a la par de los servicios que prestaba la Institución, se requerían suficientes espacios para los depósitos; y mientras avanzaba la construcción, la biblioteca se encontraba fragmentada en diversas sedes ubicadas en Las Mercedes, La Trinidad, Parque Central, San Francisco y la vieja pista de patinaje sobre hielo “Mucubají”, en las proximidades del Nuevo Circo. En 1985 se había concluido la infraestructura; pero acometer la construcción de 80 mil metros cuadrados no resultaba fácil, mucho menos lograr el equipamiento interno de las salas de consulta y la adecuación de los depósitos. Las distintas dependencias administrativas, colecciones y servicios, se fueron mudando en forma progresiva, con el cuidado que cada una requería. Fue una labor titánica que se desarrolló por espacio de diez años, entre 1988 y 1998.

La primera colección que habitó el Foro Libertador fue la hemerográfica, en ella estaba contenida nuestra historia de Independencia, con toda la prensa del Siglo XIX, la más grande y completa del país; por otra parte, la Hemeroteca Nacional era el servicio que para entonces ostentaba el mayor número de usuarios, cuando aún no se podían recibir las noticias por Internet, ni revisar las páginas web de los diarios. A partir de allí, se fueron adecuando los espacios y las salas de lectura, hasta convertirse en la hermosa edificación cultural que conocemos hoy, que preserva la memoria documental de Venezuela; y que además de ser la sede de la Biblioteca Nacional y del Archivo General de la Nación, le ha brindado albergue a otras instituciones oficiales que hacen vida en sus espacios.

Biblioteca Nacional sigue la ruta digital

Texto: Jufany Toledo

Un día como hoy, en 1977, se crea el Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y de Servicios de Bibliotecas, IABNSB, y la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, con miras a democratizar el acceso a la información y organizar de manera consona con los nuevos tiempos, el patrimonio documental que se venía atesorando desde 1833, cuando se creó la primera biblioteca pública del país.

En estos cuarenta años, su misión ha ido más allá de preservar la memoria histórica de la nación, se ha empeñado en ponerla al servicio de todos sus usuarios y usuarias, investigadores, docentes y estudiantes, quienes se sirven de sus colecciones y de la experiencia y el conocimiento que sobre ellas tienen sus referencistas. En ese sentido, y con paso firme y efectivo, la Institución se ha venido adecuando a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, TIC; utilizando la digitalización como medio para la preservación documental y a su vez favorecer, tanto a personas discapacitadas, como a quienes se encuentren lejos de la capital o con dificultad para acercarse a su sede en el Complejo Cultural Foro Libertador, ahora pueden consultar en línea, desde cualquier ordenador y a cualquier hora, los diversos documentos que ya se encuentran digitalizados.

Era necesario adecuarse a las nuevas políticas de inclusión de la Revolución Bolivariana, a las directrices emanadas por la Constitución y las Leyes de la República Bolivariana de Venezuela, la Ley del Plan de la Patria, los lineamientos del Segundo Plan Socialista de Desarrollo Económico y Social de la Nación 2013-2019, y las leyes de Infogobierno.

Este aniversario, encuentra a una Institución empeñada en poner la tecnología al servicio de la gente. Ejemplo de ello, son la Unidad de digitalización, el Catalogo Automatizado SISBIV, la Biblioteca Digital de Venezuela César Rengifo, el Sistema Automatizado de Depósito Legal, SADEL, una página web accesible y una sala para personas con discapacidad visual, donde gracias a la tiflotecnología, esta minoría también puede acceder a las TIC y a la lectura.

Con la puesta en marcha de la Biblioteca Digital de Venezuela, se dinamizan las diversas y valiosas colecciones que atesora la Institución, y se colocan al alcance de todas y todos los usuarios, que cada vez demandan mayores servicios de información. Ejemplares únicos e incunables, que por su carácter patrimonial y delicada naturaleza, tenía un uso restringido, comienzan a estar a la distancia de un click, a través de la dirección  www.bnv.gob.ve

A 184 años de su creación y a 40 años de la Ley del IABNSB, la Biblioteca Nacional es la rectora del todo el sistema de bibliotecas públicas, con más de 700 servicios en todo el país; del Centro Nacional de Orientación y Referencia; del Centro de Investigación en Bibliotecología, CEDINBI; del Centro Nacional de Preservación Documental; de la Hemeroteca Nacional; del Archivo Audiovisual de Venezuela; de la Colección Bibliográfica General y de la magnifica colección de Libros Raros y Manuscritos. 

Biblioteca Nacional cumple 184 años

Universidad Central de Venezuela. Fotog.Servio Tulio Baralt. Álbum del Centenario de la Independencia, Colec.Venezuela Siglo XIX-XX(2)

Universidad Central de Venezuela. Fotog.Servio Tulio Baralt. Álbum del Centenario de la Independencia, Colec.Venezuela Siglo XIX-XX(2)

Texto: Jufany Toledo

Hoy se cumplen 184 años del Decreto de Creación de la Biblioteca Nacional. Sus antecedentes se remontan a 1811, cuando uno de los próceres de nuestra Independencia, Juan Germán Roscio, hombre culto y preocupado por la educación, propuso a través de una hoja suelta, la creación de una biblioteca pública para Caracas, afirmando que era “el único medio de propagar la ilustración”; e incluso ofreció donar su biblioteca personal con más de mil títulos, y conminó a otros intelectuales a que hicieran lo mismo.

Años más tarde, durante la presidencia del general José Antonio Páez, el 13 de julio de 1833, es cuando por un decreto del vicepresidente de la república, Andrés Narvarte, se crea la Biblioteca Nacional; para entonces no contaba con normativas ni personal especializado en la conformación de colecciones, las cuales provenían mayormente de donaciones, con temas de carácter general y universal, así como muchas obras extranjeras publicadas en otros idiomas. Lo que al principio fue un lugar para concentrar el fondo bibliográfico y los archivos existentes en la nación, con el pasar de los años se convirtió en una de las instituciones culturales más antiguas y respetada del país.

Cien años después de que surgieran las primeras ideas de crear una Biblioteca Pública para Caracas, al celebrar el centenario de la Declaración de nuestra Independencia, en 1911, es cuando se construye una sede propia para la Biblioteca Nacional; la cual ostentó un lugar privilegiado en el edificio que hoy conocemos como el Palacio de las Academias, frente al Palacio Federal Legislativo. Una edificación colonial con una larga historia que data de 1577, y que a lo largo de la historia sufrió diversas remodelaciones, ampliaciones y reconstrucciones, hasta adoptar la fachada de estilo neo gótico que conocemos actualmente, con la torre del reloj en su fachada norte, dispuesta en la avenida Universidad, entre las esquinas de San Francisco y La Bolsa, en pleno centro de Caracas.

Este edificio albergó diversas instituciones oficiales; y entre finales del Siglo XIX y mediados del Siglo XX, funcionó la Universidad Central de Venezuela y al lado de ella se instaló la primera biblioteca pública de Caracas, una moderna edificación diseñada por uno de los más prominentes arquitectos de esa época, Alejandro Chattaing, con buena iluminación y techos elevados, donde predominaba una gran sala de lectura central, rodeada de dos niveles de galerías con estanterías de libros, pero muy distante de lo que hoy podemos entender como desarrollo y conformación de colecciones.

Con la creación de la Ley del Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y de Servicios de Bibliotecas, en 1977, esta se convirtió en depositaria del acervo documental bibliográfico y no bibliográfico de Venezuela y venezolanista, creadora y administradora del Archivo Audiovisual de Venezuela, del Centro Nacional de Conservación, la Hemeroteca Nacional, la Mapoteca; y en el núcleo coordinador del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas. En la actualidad, es la Institución encargada de preservar la memoria histórica de la nación; y de divulgarla para el conocimiento y el disfrute de todas y todos los venezolanos.

Julio, un mes para festejar

logo 184 aniversario

Texto: Jufany Toledo / Imagen: Cecilia Sanz

El 13 de julio de 1833, durante la presidencia del Gral. José Antonio Páez, y por decreto del entonces vicepresidente de la república, Andrés Narvarte, nace la primera biblioteca pública en Venezuela. 144 años más tarde, el 27 de julio de 1977, se promulga la Ley del Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y de Servicios de Bibliotecas, IABNSB, se ordena la construcción de una nueva sede y se crea la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, empezando por una red para Caracas.

Ambos acontecimientos ocurren durante el mes de julio, con lo cual se convierte en un mes de alegría y festejos para todas y todos los venezolanos; y de manera muy especial para quienes de una forma o de otra, hemos sido parte de la historia de la Biblioteca Nacional. De su antigua sede en el Palacio de las Academias, el 1° de enero de 1981 se coloca la primera piedra del Foro Libertador, destinado a ser la sede del IABNSB. Se trata de 80 mil metros cuadrados que resguardan la memoria histórica y documental del país, ubicado entre las parroquias de Altagracia y San José.

Importantes colecciones, con ejemplares que en algunos casos llegan a ser únicos en el mundo, se han convertido en el orgullo de las y los  bibliotecarios y son motivo de alegría y celebración cada mes de julio. Este año, al cumplirse 184° años de la creación de la biblioteca y 40° aniversario del Instituto, la programación que se inició el pasado lunes 3 y se extenderá hasta el viernes 28, incluye conciertos, foros, exposiciones, ciclos de cine entre otras actividades, con un acto central en su sala Juan Bautista Plaza, el propio jueves 27, en el cual se reconocerá el mérito de sus trabajadoras y trabajadores, quienes cada día ponen lo mejor de sí para resguardar dichas colecciones, organizarlas y catalogarlas de manera eficiente y efectiva.

El espacio disponible en esta columna, que por más de dos años hemos mantenido en forma ininterrumpida, es insuficiente para dar a conocer el invalorable tesoro que se encuentra en la Biblioteca Nacional; y con ello, no sólo me refiero a sus extraordinarias colecciones contenidas en la Bibliográfica General, el Archivo Audiovisual de Venezuela, la Hemeroteca Nacional y la Sala de Libros Raros y Manuscritos, entre otros servicios que ella presta; sino de manera especial a las y los trabajadores bibliotecarios, muchos de los cuales han dedicado su vida a custodiarlas y se encuentran llenos de anécdotas y conocimientos. La Biblioteca Nacional es también el ente de adscripción de la Casa de Nuestra América José Martí y de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, que en la actualidad cuenta con más de 700 servicios en todo el país.

Si usted forma parte de ese grupo que aún no conoce la institución cultural más antigua de Venezuela, este es el momento propicio para hacerlo, y la excusa perfecta es la de disfrutar de la programación aniversario. Para mayor información, la programación se encuentra en las redes sociales y en su página web: www.bnv.gob.ve en la que también podrá acceder a los distintos servicios que se ofrecen en línea.

Biblioteca Nacional se mantiene fiel al legado de Roscio

Uno de los legados de Juan Germán Roscio Nieves (1763-1821) fueron sus ideas sobre la ilustración de todas y todos los ciudadanos, de la educación gratuita y sin discriminación alguna; las cuales quedaron plasmadas en el proyecto de reglamento para la biblioteca, que elaboró en su condición de miembro de la Junta Suprema y Secretario de Estado; esas ideas han permanecido en el tiempo, y se evidencian en el servicio que a lo largo de su historia ha prestado la Biblioteca Nacional, democratizando el acceso a la información y tratando de llevarla a todos los rincones del país, a través de sus más de 700 servicios bibliotecarios.

La Biblioteca Nacional es una de las instituciones culturales más antiguas de la historia republicana de Venezuela. 184 años han transcurrido desde que se firmó el Decreto de su creación, el 13 de julio de 1833, durante la presidencia del general José Antonio Páez; sin embargo, los primeros antecedentes se remontan a 1811, cuando uno de los más civilistas próceres de nuestra Independencia, el guariqueño Roscio, suscribe una hoja suelta en la que propone la creación de una biblioteca pública para Caracas, afirmando que “todos deben instruirse para servir a la patria con la utilidad que desean y ella merece”.

En dicha hoja titulada, “Pensamiento sobre una Biblioteca Pública en Caracas”, Roscio plasmó su preocupación por la necesidad de difundir las ideas, como un camino expedito para lograr la emancipación. En ella expresa la necesidad y la utilidad de establecer una biblioteca, a objeto que el pueblo pueda instruirse, como único medio para propagar la ilustración. Propone que se haga por suscripción, los suscriptores compondrán el cuerpo de accionistas bibliográficos; aquellos que estén en posibilidad de dar hasta 500 pesos en libros o en dinero se llamarán Patronos del establecimiento, y compondrán la Junta de Gobierno Economía y Administración. Habrá que contratar los servicios de un bibliotecario; y todos los ciudadanos, sin distinción de clases, tendrán derecho a concurrir a la Biblioteca. Nadie será admitido con capa y a todos se le suministrará tinta, pluma y papel para apuntes, escribió.

De ese planteamiento, se desprenden sus ideas acerca de la igualdad, la equidad, y la no discriminación social ni racial, contrarias a lo que prevalecía en la sociedad caraqueña de la época; con lo cual, Roscio se coloca en una posición adelantada a su tiempo, convirtiéndose en un personaje de grandes dimensiones, que vale la pena estudiar, especialmente en estos momentos en los que ha sido convocada una nueva Asamblea Nacional Constituyente. En la Colección Bibliográfica General del Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y de Servicios de Bibliotecas, existen libros de Roscio como: El triunfo de la libertad sobre el despotismo y una compilación de sus Obras; así como también, Juan Germán Roscio el máximo constituyentista, de Adolfo Rodíguez, entre otros.

Abogado, escritor, periodista y político, Juan Germán Roscio Nieves fue uno de los ideólogos de la Independencia. Redactor de la Gazeta de Caracas y del Correo del Orinoco; principal redactor del Acta de la Independencia; fue constituyentista y participó en la elaboración de la primera Constitución, sancionada en julio de 1811; presidente del Congreso de Angostura de 1819 y vicepresidente de la Gran Colombia.

Volvamos a Carabobo

Texto: Jufany Toledo / Fotos: José Chacón

Este sábado 24 de junio se conmemora el 196° aniversario de la Batalla de Carabobo, la mejor planificada y conducida de la guerra de Independencia hasta 1821; en la cual, El Libertador Simón Bolívar evidenció sus grandes dotes de estratega, al decidir que la batalla se diera en ese terreno, donde lo esperaba el ejército de La Torre, debido a que él lo conocía perfectamente; ya que el 28 de mayo de 1814 en ese mismo lugar, se había enfrentado al ejercito de Cajigal, pero en dirección exactamente contraria a la de 1821. Bolívar conocía los puntos críticos y las vías de aproximación a la sabana, y eso le permitió vencer al invasor español que defendía la causa del Rey.

A pesar de que las acciones de armas en territorio venezolano continuaron hasta 1823, y algunos realistas se rindieron en fechas tan tardías como 1832, Carabobo es el símbolo militar de la Independencia de Venezuela, por haberse logrado en dicho campo, tanto la destrucción del ejército expedicionario en costa firme, como la ocupación efectiva de la capital de la antigua Capitanía General, de conformidad con el arte de guerra de la época. Hoy se hace imperioso “volver a Carabobo”, para defender nuestra soberanía y el derecho a ser un país libre de toda injerencia extranjera; pero además es importante volver a Carabobo desde su estudio y análisis. Por ejemplo, quienes pensaban que ya se había dicho todo sobre la Batalla de Carabobo de 1821, se sorprenderán al conocer los hallazgos que al respecto nos ofrece el libro De Carabobo al cerro de La Mona, un nuevo enfoque de la Batalla de Carabobo de 1821, del doctor Gonzalo Pulido Ramírez, quien no sólo hizo uso de las fuentes documentales primarias, existentes en Venezuela, Colombia y España, sino que en varias oportunidades se trasladó al Campo de Carabobo, para comprobar que aún no se ha dicho la última palabra sobre la batalla que selló nuestra Independencia.

Ese texto, resultado de una acuciosa y metódica investigación, describe y analiza el hecho de armas conocido como Batalla de Carabobo, modificando los niveles de análisis historiográfico-militares existentes. Incluye una revisión documental exhaustiva de las unidades y personas participantes, que permite realizar un análisis militar de la Batalla, que en realidad se libró en una elevación aledaña al borde oeste de la sabana de Carabobo, conocida como Cerro de La Mona. Pulido Ramírez analiza el uso del terreno, la visión de los testigos, el desarrollo de las acciones tácticas de la época, entre otros aspectos, que ofrecen como resultado una visión radicalmente distinta a lo planteado hasta el presente.

A decir de este autor, la Batalla de Carabobo es poco comprendida, y la abundante bibliografía que se produjo entre 1838 y 1971 resulta limitada y dirigida a las instituciones castrenses; en tal sentido, esta nueva investigación viene a complementar los libros que sobre el tema se resguardan en la Colección Bibliográfica General del Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y de Servicios de Bibliotecas: Los héroes de Carabobo por Héctor Bencomo Barrios; Carabobo, un punto itinerario de Jacinto Pérez Arcay; La Batalla de Carabobo, 24 de junio de 1821 del Hno. Nectario María y Esa espiga sembrada en Carabobo, de César Rengifo, pieza teatral en un acto, editada por la Fundación para la Cultura y las Artes de la Alcaldía de Caracas, entre muchos otros textos, prensa y manuscritos que en la Biblioteca Nacional se resguardan.

“Constituyente: Poderes creadores del pueblo”

Texto: Jufany Toledo / Fotos: José Chacón / Prensa IABNSB

Parafraseando y haciendo suyo el Credo de Aquiles Nazoa, el Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y de Servicios de Bibliotecas, institución encargada de preservar la memoria nacional, está avocado al montaje de una exposición documental: audiovisual y bibliohemerográfica, denominada “Constituyente: Poderes creadores del pueblo”, con la fe puesta en que el pueblo creador se apropie de este proceso, y participe activamente en su construcción. Esta muestra se realiza en el marco de la convocatoria a una nueva Asamblea Nacional Constituyente; y a partir de las valiosas colecciones que existen sobre el tema en la Biblioteca Nacional.

La exposición tiene un carácter eminentemente didáctico, cuyo propósito es el de ilustrar a todas y todos cuantos la visiten, sobre la historia de las Constituyentes y Constituciones en nuestro país, realizando un recorrido histórico, político y económico, desde la Cuarta República y el llamado “Pacto de Punto Fijo”, hasta el presente; pasando por la refundación de la República, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; y las motivaciones del presidente Maduro para convocar a una nueva Asamblea Nacional Constituyente, concentradas en 9 puntos de vital importancia nacional, a saber: Ganar la paz; nuevo sistema económico post petrolero; constitucionalizar las misiones; potenciar el sistema de justicia; impulsar nuevas formas de participación; defensa de la soberanía; identidad cultural; garantía de futuro para la juventud y supervivencia de la vida en el planeta.

En este recorrido se presentarán cinco hitos que influyeron decididamente en el acontecer actual. Ellos son: Situación económica, política y social de la IV República (1958/1998); el proceso constituyente de 1999; la fundación de la V República; el llamado a la Asamblea Nacional Constituyente de 2017; y la explicación didáctica acerca de lo que es una constituyente y las constituyentes de ayer y de hoy. En tal sentido, se destacarán los movimientos insurgentes, las masacres de Yumare y Cantaura, el “Viernes Negro”, la crisis bancaria, el Caracazo, el 4F y su “Por ahora”, la prisión de los comandantes bolivarianos en la Cárcel de Yare, el juramento del Presidente Hugo Chávez sobre “la moribunda” Constitución de 1961, durante su toma de posesión en el extinto Congreso Nacional; el proceso constituyente de 1999, el llamado a referendo, la construcción de una nueva constitución y la fundación de la V República.

Igualmente se destaca el Chávez legislador, quien desde el mismo momento en que asumió el poder, decretó o reformó más de 200 leyes que de manera progresiva dieron paso a una sociedad más justa y humana. Como muestra de ellas, la LOTTT, LOPNA, Ley Orgánica del Poder Popular, Ley Orgánica de Pueblos y Comunidades Indígenas, entre otras. En el año 2013, su heredero político, Nicolás Maduro Moros asume la presidencia de la República Bolivariana de Venezuela, en medio de grandes turbulencias políticas y económicas; y en 2015 la Revolución Bolivariana sufre un revés político importante, al perder la mayoría de los diputados a la Asamblea Nacional, generándose un clima de ingobernabilidad ante el desacato de su actual directiva, a las sentencias del Tribunal Supremo de Justicia, propiciando así situaciones de violencia y la consecuente pérdida de vidas humanas. Con miras a vencer la desesperanza y de encontrar la luz, se convoca a la Constituyente y se aspira a que gracias a los poderes creadores del pueblo, esta sea el camino a la paz.

Medio siglo en su compañía

Texto: Jufany Toledo / Fotos: José Chacón/ Composición de imagen: Yira Silvera

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo…” Con esta frase reveladora, inicia una de las más grandes novelas hispanoamericanas del pasado Siglo XX, cuya primera edición vio luz en Buenos Aires, Argentina, el 5 de junio de 1967, en un tiraje de 8 mil ejemplares, que en poco más de una semana se habían agotado. Hablamos de la obra cumbre del realismo mágico, Cien años de soledad, del escritor colombiano Gabriel García Márquez, que durante 50 años ha sido leída por varias generaciones de lectores en el mundo entero, siendo traducida a 35 idiomas, logrando vender más de 30 millones de ejemplares, de su centenar de ediciones.

Desde entonces, nos acompañan las anécdotas de la familia Buendía y los enigmas de Macondo; ya que como bien señaló el escritor y crítico literario Luis Alberto Crespo, “Después de leer esta obra indefinible nadie es el mismo… Lo que fuimos y seremos se vuelve estado de gracia…” En Macondo se pierde el sentido del tiempo y del espacio, todo lo que parece imposible, allí se torna posible. La magia y la fantasía están intrínsecamente ligadas a la realidad. Soledad, violencia, amor y relaciones de poder, marcan a los personajes de esta maravillosa obra, en la que “El Gabo” hace un uso magistral de las figuras y recursos literarios, logrando capturar la atención del lector, mientras que con la mayor naturalidad narra una serie de sucesos trágicos, que ocurren en ese Macondo afectado por la fiebre del banano, las guerras civiles y el descontento político. Una “realidad” socio histórica propia de la cultura caribeña, contada en tercera persona por un narrador pasivo que no emite juicios, ni establece diferencias entre lo real y la ficción.

Cien años de soledad, impulsó el “Boom” de la literatura hispanoamericana de los años 60, marcando un antes y un después; pero además llevó a su autor a convertirse en el ganador del II Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos en 1972 y diez años más tarde le otorgaron el Nobel de Literatura, que la Academia Sueca justificó alegando que su obra había logrado unir los límites entre lo real y lo irreal. Ambos premios, entre muchos otros reconocimientos y condecoraciones importantes, dan cuenta de la dimensión de este autor, cuyos libros se convirtieron en una lectura obligada para los estudiantes de educación media, lo cual puede ser constatado en la Colección Bibliográfica Contemporánea del Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y de Servicios de Bibliotecas, donde los ejemplares existentes son mudos testigos de la infinidad de manos que los han hojeado, existe además un ejemplar muy especial y resguardado con gran cariño en la Colección de Libros Raros y Manuscritos, correspondiente a la sexagésima primera edición de Editorial Sudamericana en 1984, que está firmada por el propio García Márquez en 1988.

Sus cuentos, novelas, ensayos, reportajes y crónicas periodísticas, se preservan en la Biblioteca Nacional. García Marquez, fue un gran amigo de Venezuela y de los venezolanos. En una oportunidad afirmó que en Venezuela fue joven, indocumentado y feliz. Hechos fortuitos lo trajeron a estas tierras en diciembre de 1957 y aún permanece entre nosotros, gracias a la vigencia y la calidad de sus obras, que lo han hecho inmortal. Tenemos más de medio siglo en su compañía.

RV: Colección patrimonial

Texto: Jufany Toledo / Fotos: José Chacón

Venezuela es país de oportunidades, cuyas características geográficas, topográficas, antropológicas y económicas, entre otras, ha despertado el interés de turistas, inversionistas e investigadores extranjeros, que a lo largo de varios períodos históricos, han escrito sus apreciaciones e investigaciones sobre nuestro país. Ello ha dado lugar a la conformación de una excelente colección patrimonial de documentos “Relativos a Venezuela”, catalogados con las siglas RV.

Esta colección, conocida también como “Venezolanista”, cuenta con más de mil títulos, que conforman un valioso acervo documental, con interesantes datos que hablan de un país visto por extranjeros, en momentos precisos entre el Siglo XIX y comienzos del Siglo XX; los cuales contribuyen decididamente a una mejor comprensión histórica sobre la Venezuela de entonces, constituyéndose en gran apoyo para profesionales de diversas áreas, como docentes, historiadores, sociólogos, antropólogos, bibliotecarios, bibliotecólogos, archivólogos, especialistas en patrimonio cultural, entre muchos otros.

La mayoría de los títulos que conforman la colección patrimonial RV, son obras realizadas por exploradores extranjeros, que vinieron al país para estudiar diferentes aspectos del territorio venezolano. Producto de sus investigaciones surgen estos documentos que, en muchos casos, constituyen los primeros testimonios escritos sobre lugares recónditos o poco conocidos de nuestra geografía. En algunos de ellos se describen comunidades, situaciones y estilos de vida, entre otros temas, o contienen mapas, fotografías e ilustraciones que complementan la información y aportan elementos interesantes, por lo que son considerados como fuentes primarias para los investigadores de hoy.

La colección Relativos a Venezuela RV, fue estudiada y reseñada inicialmente por Manuel Segundo Sánchez, ex director de la Biblioteca Nacional, en su obra “Bibliografía venezolanista: contribución al conocimiento de los libros extranjeros relativos a Venezuela y sus grandes hombres, publicados o reimpresos desde el siglo XIX”, editada en 1914 en Caracas por la editorial El Cojo. Este valioso acervo documental forma parte de la Colección Bibliográfica Contemporánea del Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y de Servicios de Bibliotecas, cuyos títulos pueden ser ubicados muy fácilmente a través del Catálogo Automatizado SISBIV; y en estos momentos, estudiantes de la Escuela de Idiomas de la Universidad Central de Venezuela, se encuentran trabajando en las reseñas de muchos de ellos, ya que en su mayoría están escritos en inglés, francés e italiano; a fin de que muy pronto queden liberados a través de la Biblioteca Digital de Venezuela, “César Rengifo”, como una colección temática y puedan ser descargados desde cualquier lugar.

De acuerdo con la Política de Desarrollo de Colecciones de la Biblioteca Nacional, el rescate, preservación y difusión de la colección patrimonial RV, se encuentra entre las prioridades.

Gloria al bravo pueblo!

Texto: Jufany Toledo / Foto: José Chacón

Nuestro hermoso y revolucionario Himno Nacional tuvo su génesis en una canción popular patriótica, y aunque existían otras canciones patrióticas, cuyas partituras originales se preservan en el Archivo Audiovisual del Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y de Servicios de Bibliotecas (IABNSB), el “Gloria al bravo pueblo” se impuso, convirtiendo su historia en un tema interesante y motivo de estudio para muchos investigadores, no sólo del área de historia, sino también de la música y de la lengua. Si bien sus orígenes se remontan a la época de la Independencia, fue el 25 de mayo de 1881 cuando se decreta oficialmente como Himno Nacional, por parte del presidente de la República Antonio Guzmán Blanco, publicado en la Gaceta Oficial N° 2.383 del 30 de mayo de 1881, que también se conserva en la división de Publicaciones Oficiales de la mencionada Institución.

Un grave error de omisión, ha generado la duda histórica sobre la autoría de la música y la letra del Gloria al bravo pueblo; las cuales no fueron colocadas en dicho decreto, por considerarse un canto emocional y de inspiración patriótica; de manera que si bien hemos repetido hasta el cansancio, -y así es considerado oficialmente- letra de Vicente Salias y música de Juan José Landaeta, no han faltado las controversias y aclaratorias sobre sus autores, que adjudican la letra a don Andrés Bello y la música a Lino Gallardo, tal y como años antes de tal decreto se publicara en la Opinión Nacional (febrero de 1874), periódico que puede ser consultado en la Hemeroteca Nacional del IABNSB.

El hecho es que a partir del 19 de abril de 1810, esta “Canción Nacional” considerada como la “Marsellesa venezolana” y muchas otras canciones patrióticas, fueron entonadas con fervor y entusiasmo por un pueblo que aspiraba su independencia y que ya estaba decidido a ser libre; así como también por los soldados y tropas, quienes tomaban fuerza de esas significativas canciones antes de iniciar una batalla. A partir del decreto del “Ilustre Americano”, la Canción Nacional o Canción de Caracas, pasó a llamarse Himno Nacional de Venezuela Gloria al bravo pueblo. Setenta y tres años más tarde, paradójicamente el dictador Marcos Pérez Jiménez lo declara símbolo fundamental de la patria, junto al escudo y la bandera nacional, a través de una Ley que data del 17 de febrero de 1954, que entre otros puntos, determina las ocasiones en las que debe entonarse el himno nacional; las cuales fueron actualizadas durante el gobierno del presidente Hugo Chávez, en el artículo 12 de la Ley de Bandera Nacional, Himno Nacional y Escudo de Armas de la República Bolivariana de Venezuela, publicada en la Gaceta Oficial N° 38.394, de fecha 9 de marzo de 2006.

A lo largo de su historia, nuestro Himno Nacional ha sufrido diversas modificaciones oficiales, la última de ellas, que es la utilizada actualmente, estuvo a cargo de Juan Bautista Plaza, en el año 1947; sin embargo, ninguna ha mermado ni modificado su espíritu de libertad e independencia, ni mucho menos la visión de una América nuestra. Las y los venezolanos sentimos verdadero orgullo patrio cuando escuchamos “las gloriosas notas del Himno Nacional”, porque su historia, su música y su letra, están impregnadas de la sangre de los libertadores que corre por nuestras venas.

 

Recordar a César Rengifo y Armando Reverón

Texto: Jufany Toledo / Fotos: Colecciones IABN

Armando Reveron (10 de mayo de 1889 – 18 de septiembre de 1954) y César Rengifo (14 de mayo de 1915 – 02 de noviembre de 1980), dos artistas plásticos que traspasaron las fronteras venezolanas con sus creaciones, y que hace un año se ganaron un puesto en el Panteón Nacional, debido a los aportes que hicieron al mundo de las artes y la cultura, cada uno en su tiempo, cada cual en su estilo. Pero estos dos gigantes no yacen inertes bajo el frío marmol, su legado los mantiene vivos y -buena parte de eĺ- puede apreciarse en distintas instituciones del Estado, especialmente en aquellas adscritas al Ministerio del Poder Popular para la Cultura.

Reverón, conocido como el mago de la luz por su extraordinaria capacidad para captar y transmitir el impacto de la luz sobre las formas. Rengifo, pintor y muralista, versatil y polifacético, fue además dramaturgo, director de teatro, escritor y profesor. Ambos han sido objeto de estudios significativos por sus invalorables aportes a la plástica, a la estética, y a la cultura e identidad venezolana.

La Biblioteca Nacional de Venezuela, en sus distintas colecciones, posee documentos de gran valor y en diversos formatos sobre ambos artistas. Se trata de materiales de consulta obligada, para quienes deseen conocer la genialidad y la profundidad de estos representantes del arte creador. De hecho, cineastas, productores y directores de teatro, han realizado sus investigaciones a partir de los materiales que preserva esta Institución.

La obra de Reverón fue verdaderamente exaltada después de su muerte; mientras que Rengifo tuvo la posibilidad de que su obra fuese reconocida en vida, no sólo con la obtención de merecidos reconocimientos y premios, sino con el orgullo de que parte de su trabajo fuese admirado por todo el pueblo venezolano, a través de sus murales instalados en significativos espacios de Caracas.

Cabe destacar que poco después de la muerte de César Rengifo, sus familiares donaron sus manuscritos; los cuales se preservan en la colección de Libros Raros y Manuscritos de la Biblioteca Nacional; y en ocasión de celebrar el centenario de su nacimiento, la Biblioteca Digital Venezolana fue designada con su nombre. En ella se encuentran digitalizadas veintiuna de sus obras, como parte de las colecciones destacadas.

En el Catalogo Público de la Biblioteca Nacional, existen más de 100 registros sobre Armando Reveron y cerca de 300 de César Rengifo, que también pueden ser consultados en físico en las colecciones del Archivo Audiovisual de Venezuela, en Libros Raros y Manuscritos, en la Hemeroteca Nacional y en la Colección Bibliográfica General del Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y de Servicios de Bibliotecas.

Sáquele la cédula a su publicación

Texto: Jufany Toledo

El número de Depósito Legal es la cédula de identidad de las diversas publicaciones en cualquier formato. Este número la distingue, le otorga legalidad y entre otras cosas, la protege del plagio. Los autores, productores y editores, al cumplir con la Ley y solicitar el número con el cual circulará, gozan del beneficio de identificación de su obra, amparado en la Ley de Depósito Legal, normativa que garantiza la recuperación de nuestra memoria, facilitando el acceso de todas y todos los venezolanos a la información bibliográfica, no bibliográfica y audiovisual, producida en el país o en el exterior con circulación en Venezuela, que se preserva en el Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y de Servicios de Bibliotecas.

Según el Artículo 5° de su Reglamento, el número de Depósito Legal “será un medio de prueba de la existencia, divulgación y publicación de la obra, producto o producción”. Por ello se le considera como un número de identidad que, entre otras cosas, la protege del plagio. Otro beneficio que ofrece el cumplimiento de la Ley de Depósito Legal, es que la obra se da a conocer en los distintos servicios bibliotecarios del país; y el material que ingresa por esta vía, es el principal insumo para determinar las necesidades y prioridades, al momento de realizar las compras bibliotecarias.

El Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y de Servicios de Bibliotecas, a través de su División de Depósito Legal, es el ente encargado de velar por el cumplimiento de dicha Ley. A objeto de aligerar los trámites y facilitar su cumplimiento, esta Institución puso en marcha el Sistema Automatizado de Depósito Legal, SADEL, a través de su página web: www.bnv.gob.ve o directamente por http//depositolegal.bnv.gob.ve se trata de un Sistema amigable, que puede ser usado también por personas discapacitadas, porque se encuentra adaptado a la tiflotecnología (tecnología para ciegos), como parte de las políticas de inclusión del Gobierno Bolivariano.

A través del SADEL, el autor, editor, productor o distribuidor, puede solicitar su número de una forma práctica; ya que con este sistema se da cumplimiento a la Ley de Simplificación de Trámites Administrativos y al Plan de la Patria, al implementar las nuevas tecnologías y ponerlas al servicio de todo el país. Una vez obtenido el número de depósito legal, éste debe ser impreso en cada obra, producto o producción; y el solicitante debe hacer entrega a la Biblioteca Nacional de los ejemplares correspondientes, en un lapso de treinta días. Los materiales sujetos a dicha disposición Legal son: Producciones bibliográficas; producciones no bibliográficas impresas en papel u otro material análogo y obras fijadas en material audiovisual y otras tecnologías.

Los entes de la administración pública y/o instituciones adscritas al Estado, deben cumplir con la entrega de hasta el 25% de la producción; de acuerdo con el Capítulo III del Reglamento de la Ley de Depósito Legal. Al consignar los ejemplares exigidos, se garantiza su divulgación y preservación en el tiempo; ya que la obra se da a conocer a través de todos los servicios de la Biblioteca Nacional y en la Red de Bibliotecas Públicas. Para mayor información, pueden llamar al (0212) 5059176, 5059177, 5059183 y 5059175 o por el correo electrónico deposito.legal@bnv.gob.ve

Cuando informar se convierte en una ciencia

Texto: Jufany Toledo / Fotos: Archivo Prensa IABNSB

Profesionales capaces de garantizar la organización y difusión de la información, así como la conservación del acervo cultural, documental e histórico de las instituciones y comunidades, disminuyendo las barreras que impiden el acceso a las mismas; con un enfoque social, crítico y transformador, que permite renovar la teoría y la práctica de las ciencias de la información; y promover la corresponsabilidad social, para consolidar la identidad y la soberanía nacional, sirviendo al desarrollo y consolidación del poder popular, son los que se forman en la Aldea Universitaria del Foro Libertador, en la cual se imparte el Programa Nacional de Formación en Ciencias de la Información (PNFCI).

Contando con la autorización del Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria, en marzo del 2011, se celebró un Convenio entre la Universidad Politécnica Territorial de Lara, Andrés Eloy Blanco (UPTLAEB), el Archivo General de la Nación (AGN) y el Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y de Servicios de Bibliotecas (IABNSB), instituciones adscritas al Ministerio del Poder Popular para la Cultura, para dar inicio a dicho Programa, que desde entonces se desarrolla en los espacios de estas instituciones promotoras y encargadas de formar a los participantes en el PNFCI.

Se trata de una estructura educativa y social incluyente, un nuevo modelo socio productivo, humanista y endógeno, ajustado a los lineamientos del Plan de la Patria, que garantiza el ingreso a la universidad y ofrece igualdad de oportunidades y condiciones para el derecho al estudio, mientras fortalece los vínculos entre la educación y el trabajo; promoviendo la incorporación de los trabajadores y las trabajadoras de estas instituciones a la educación universitaria, al uso de las tecnologías de la información y de la comunicación, y a la divulgación y socialización de conocimientos al servicio de la población.

Más allá de las aulas, a través de este Convenio de Cooperación y Alianza Estratégica, los estudiantes del PNFCI se han venido formando día a día, en sus dos grandes laboratorios naturales y experimentales, como son la Biblioteca Nacional y el Archivo General de la Nación, con la interacción en sus respectivos lugares de trabajo, y con actividades de formación continua, como conferencias, seminarios y encuentros académicos, entre otros. Cuatro cohortes han iniciado estos estudios para optar al título de licenciados en Ciencias de la Información y/o técnicos superiores universitarios (TSU) en Información y Documentación.

Hasta el presente, se han graduado 130 técnicos superiores universitarios en Información y Documentación, provenientes de diversas instituciones vinculadas a la información, gestión, organización, representación y preservación documental, como son los museos, archivos, bibliotecas y centros de documentación; mientras que 61 estudiantes han obtenido la titulación como licenciados en Ciencias de la Información, luego de haberse titulado como TSU y cumplido con los requerimientos académico-administrativos correspondientes; quienes a su vez, han elaborado proyectos socio-integradores que impactan directamente a sus Instituciones. Hoy se suman 42 nuevos graduandos, 29 licenciados y 13 técnicos superiores universitarios, que coadyuvarán a que las y los ciudadanos, puedan acceder más eficazmente a la información que se resguarda en todas nuestras instituciones.

La biblioteca y su gente: El poder terapéutico de la lectura

Texto: Jufany Toledo / Foto: Adianez Gutiérrez / Diario CiudadCCS

 

La biblioteca y su gente: El poder terapéutico de la lectura

No se requiere de mayor formación en promoción de lectura, para saber el efecto que un cuento, una narración oral o el arrullo de una nana, tiene en un niño a la hora de dormir. Tradicionalmente, el cuento ha sido utilizado, de manera intuitiva, por los padres, abuelos, y cuidadores de niños, cuando estos no desean dormirse. La lectura literaria puede constituirse en un verdadero bálsamo, cuando no se encuentran las respuestas acertadas ante situaciones de crisis, pánico, duelo, pérdidas o problemas de diversa índole.

El efecto terapéutico de la lectura ha sido comprobado en diversos estudios y proyectos enmarcados en la “biblioterapia”, que de forma genérica se refiere a la “sanación a través de los libros”. Esta técnica que se inició en 1949 comenzó siendo usada por los psicólogos; con el pasar del tiempo, el uso de la biblioterapia ha tenido diversos enfoques, sociológicos, religiosos, educativos o culturales, de acuerdo con la formación de la persona que maneje tal definición. En la actualidad, los promotores de lectura la conciben de una forma más sociocultural que clínica, centrada en una relación humana y sensible con los libros.

Los promotores de lectura más experimentados, saben hacer uso de los libros intencionadamente; ya que además de su función terapéutica, el cuento también posee maravillosas funciones de carácter cognitivo, que pueden influir en las maneras de pensar y de percibir del lector. En las colecciones de las bibliotecas públicas adscritas al Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y de Servicios de Bibliotecas, se pueden encontrar diversos libros para coadyuvar en casos de niños afligidos o ansiosos, niños que han sufrido la pérdida de un ser querido, niños en situación de riesgo, niños con miedo, depresión, y con alguna discapacidad o diferencia que pueda generarles estrés.

Aún cuando existe muy poca bibliografía acerca de la biblioterapia, esta se ha venido usando en muchos lugares, con muy buenas intenciones y excelentes resultados, en proyectos de promoción de lectura en cárceles, hospitales, ancianatos, enfermos terminales, e incluso en planes de trabajo entre médicos y bibliotecarios. Al respecto, existen dos corrientes básicas: una plantea el ejercicio de la lectura por sí mismo, y la otra, que la lectura es útil solo si la elección de textos y demás actividades relacionadas con la lectura, son definidas intencionadamente. En cualquier caso, ambas corrientes reconocen el efecto sanador de la lectura. En estos momentos de convulsión socio-política que vive el país, debemos mantener a los niños alejados de la diatriba política y la confrontación; debemos preservarlos, reduciendo el tiempo de exposición a la televisión y a las redes sociales; en su lugar, les proponemos visitar las bibliotecas, tal vez la lectura les permita “ausentarse” de la realidad, a través de la magia, la belleza y la fantasía de un buen libro.

LA SEMANA MAYOR

 

Texto: Jufany Toledo / Fotos: Adianez Gutiérrez / Prensa IABNSB

Con motivo de la llegada de la Semana Mayor, hoy quiero referirme a las colecciones religiosas que resguarda la Biblioteca Nacional. Se trata de diversas piezas bibliográficas, hemerográficas, audiovisuales y obras planas que abordan el tema religioso y que la feligresía católica o demás interesados, pueden encontrar en los distintos servicios de atención al público en su sede del Complejo Cultural Foro Libertador.

Este recorrido puede iniciarse en el Archivo Audiovisual de Venezuela, escuchando “El limonero del Señor”, en la voz de su propio autor, el poeta venezolano, Andrés Eloy Blanco o el Álbum de Música Colonial; allí también se encuentran infinidad de piezas de música sacra y religiosa, tales como el Popule Meus, Gran Misa en Re, a cargo del Orfeón Lamas y la Orquesta Sinfónica, que es utilizada en muchas Iglesias durante la Semana Santa, así como también la Misa Tría en Sol, por José Antonio Caro de Boesi, el Concierto Cuaresmal, y muchas más, cuyas partituras originales son consultadas por especialistas.

Pero si de películas u obras videográficas se trata, allí también se pueden ver: “Jesús”,  “Los Mandamientos”, “David y Goliat”, “La Historia de Esther”, “Torre de Babel”, “Moisés”, “El Diluvio”, “Sacrificio de Abraham”, “Un Niño llamado Jesús”, entre otras. Una de las películas más recomendada es “Caín adolescente” (1955), en la que puede apreciarse cómo se celebraba la Semana Santa por aquellos años 50 del pasado Siglo XX. En la división de Obras Planas de esa misma colección, existen estampillas con motivos religiosos, fotografías de la Semana Santa pertenecientes a las Colecciones de Jaime Albanez y José Agustín Catalá, con la quema de Judas, de Iglesias o carteles alusivos a las procesiones, almanaques religiosos y Mapas de las Misiones en la Venezuela de 1746.

Quienes prefieren la lectura, la división Contemporánea de la Colección Bibliográfica General, cuenta con una vasta colección de materiales sobre religión que ronda los 6 mil volúmenes; entre los que destacan obras sobre la historia de distintas religiones, diferentes ediciones e interpretaciones de la Biblia, libros sobre los Salmos y los diferentes Apóstoles, Catecismos, escritos de Juan Pablo Segundo y las Cartas de San Agustín; así como también sobre Teología de la Liberación de Joaquín Lepeley y Julio Lois y el de “Teología de la Liberación: Marxismo y Cristianismo en América Latina”, de Enrique Neira, las Obras Completas de Fray Bartolomé de Las Casas y Fray Louis de León, muy importantes para los estudiantes de historia y los investigadores; así como también sobre las Misiones de los Capuchinos, en Caracas, Los Llanos y Guayana, que constituyen narraciones de primera mano, sobre las observaciones que realizaron estos misioneros en tiempos de la Conquista. Finalmente, las y los interesados en el tema religioso, pueden solicitar con antelación una visita al Centro Nacional de Preservación Documental, donde sus expertos en restauración trabajan con cinco libros monumentales (1575-1792) cantorales manuscritos de gran formato, uno de ellos con casi 40 kilos y de 85,5 Cms de alto, por 61,7 de ancho y 12,5 Cms de espesor, que se encontraron durante una excavación en las catacumbas de la Iglesia de San Francisco, los cuales se están recuperando letra a letra.

http://ciudadccs.info/2017/04/05/la-biblioteca-gente-la-semana-mayor/

 

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